Foto: Julián Hernández
En la foto se muestra una panorámica del interior del estadio Jalisco.

Camisa rojinegra bien puesta. Delantal colgado y toda la actitud para salir a trabajar. No sin antes estar presente en el partido de su querido Atlas.

Pedro Rocha tiene 40 años. Es padre de familia, aficionado al futbol y desde hace diez años atiende su puesto de tacos en compañía de su esposa Griselda, quién es un año mayor que él y juntos disfrutan de atender su negocio día con día en búsqueda de darle una mejor vida a sus dos hijas, Laura y Jocelyn.

En la casa de los Rocha se respira un ambiente futbolero, toda su familia es aficionada al Atlas, incluso sus dos hijas aparecen con su playera rojinegra, hoy nadie se viste de otro color. Cuadros, playeras, banderas, peluches e incluso una caja llena de boletos antiguos, de todas aquellas veces que Pedro y su familia han ido al estadio, son una muestra del cariño que se le tiene al equipo de futbol, “es bonito porque a mí también me gusta el futbol y en mi casa todos le iban al Atlas, no podía casarme con un chiva, me desheredan”, entre risas, explicaba Griselda acerca de su afición al equipo.

Atlas es el equipo en activo con la racha más larga sin conseguir un título de liga, con más de 70 años, desde la primavera de 1951.

“No importa si pierden, lo importante es que jueguen bien; como dicen, yo le voy al Atlas, aunque gane” mencionó Pedro, mientras soltaba una carcajada.

Es sábado por la tarde y el horario es poco habitual para ver jugar a su equipo, acostumbrados a vivir los partidos por la noche, sin embargo, hoy representa una oportunidad para que Pedro asista al partido, acostumbrado verlos por la televisión, pues por la noche se presentan las mejores ventas para su negocio.

Todavía falta más de una hora para el encuentro y en casa de los Rocha, se disponen a darle vida a uno de los actores más representativos de la escena culinaria de México, el trompo de carne al pastor, el cual consta de cortes de carne adobada, empalados en una varilla metálica y que se le da una forma similar a la de los trompos de juguete, de ahí su nombre. Con los cortes de carne listos y marinados, comienza la danza del trompo, se colocan tres cebollas en la base de la varilla, después se colocan una por una las piezas de la carne encima de las cebollas, desde el trozo más pequeños hasta el más grandes, esto es lo que permite darle su característica forma, al final se coloca un trozo grande de piña en la parte superior, “normalmente utilizamos de 10 a 20 kilos de carne dependiendo del día, sobre todo los fines de semana es cuando más se vende”, expresó Pedro mientras colocaba el trompo en su base.

Durante 2020, la pandemia provocada por el Covid-19 provocó además de las pérdidas humanas, una difícil situación económica, tan solo en Jalisco se perdieron más de 57,000 empleos formales durante ese año a causa de la pandemia (UDG. 2021). Esto también significó un duro golpe para Pedro, pues en marzo del 2020 se anunció la cancelación del futbol en México hasta nuevo aviso, quitándole a su familia uno de sus canales de venta más importantes.

Foto: Julián Hernández
En la imagen se muestra un partido a puerta cerrada en el estadio Jalisco.

En un principio las restricciones para salir a la calle eran muy estrictas y durante algunos meses ni siquiera pudo abrir su negocio, independientemente de sí había futbol o no, “lo más pesado fueron los pagos de la casa y los servicios, afortunadamente teníamos algo de dinero ahorrado, pero tengo conocidos que los corrieron de sus trabajos y acabaron endeudados con los bancos, gracias a dios nosotros vamos saliendo”

“Pedro, supongo que ya quedó todo listo, por eso ya te vas al estadio”, exclamó irónicamente Griselda, su esposa, mientras que Pedro solo sonrío y se despidió de ella y sus hijas, “las amo, al ratito nos vemos, ya quedó todo listo”.

Ya en la zona del estadio, sobre Monte Carmelo hay varios puestos de comida, muchas familias caminan con la playera del equipo local, todos con su cubre bocas, excepto aquellos que hicieron una escala en las tortas o quiénes se toman una cerveza afuera de la tradicional vinatería que se encuentra a unos metros del estadio, el ambiente es inmejorable. Cubrebocas puesto, toma de temperatura lista, boleto y gel antibacterial en mano y Pedro llega a la escalera 9 del estadio Jalisco, y luego de subir decenas de escalones, ha llegado a la parte alta del estadio, zona poniente, con una visión total de la cancha, en breve comenzará el partido.

A las 17:00 horas, el árbitro hace sonar su silbato para dar comienzo al partido entre Atlas y el Club León; el ambiente es fascinante dentro del inmueble pese a no contar con más del 30% de su aforo total, en la parte baja del estadio, la gente grita, canta, algunos inclusive se han desprendido de su playera, es una fiesta total, mientras tanto, Pedro se persigna, aplaude se une al resto del estadio, gritando “Atlas”.

Al minuto 9, el estadio explotó de júbilo, cayó el primer gol del encuentro en los pies del peruano Anderson Santamaría, quién disparó desde el punto penal y dejó sin nada que hacer al guardameta visitante, tras de una jugada de Julián Quiñones y a pase de Julio Furch, el defensa central pasó el marcador 1-0; Pedro se levanta y desahoga todas sus preocupaciones en un grito de gol, aplaude y voltea hacía a mí, dándome el tradicional saludo de puños como señal de festejo.

Mientras el partido avanza, Pedro recuerda las veces que su padre lo llevaba al estadio, “yo le voy al equipo gracias a mi papá, él me traía junto con mi hermano, por eso me gusta venir a ver al Atlas”.

Dentro del estadio suena el tradicional órgano melódico que, gracias al Ingeniero Andrés Cruz, desde 1987 acompaña al equipo en sus juegos como local y que cuando termina su tonada, todo el estadio grita, ¡Atlas!, vuelve a sonar y todos vuelven a gritar, esto se repite cuatro ocasiones seguidas en un grito que hace recordar a las melodías que se escuchan en los parques de beisbol y que se ha convertido en uno de los gritos más representativos del futbol mexicano.

Al final Pedro regresa al negocio con la felicidad de ver ganar a su equipo, “cuando mi papá me traía de chico, el entrenador era Bielsa y de acá salieron jugadores como el chato Rodríguez y Jared Borgetti, ya después llegó La Volpe; ese sí era un equipazo” comentaba Pedro, mientras recordaba con gusto esa época.

En la foto se muestra parte del puesto de tacos de Pedro, después de cenar.

“Cuando vendemos ahí en el departamento a veces venían a comer, jugadores como el loquito García (Juan Pablo García, ex jugador del club) o el Fideo (Daniel Álvarez, ex jugador del club) ese muchacho salió de ahí cerca al barrio”, expresaba Pedro con visible alegría en su rostro, pues su trabajo le había permitido conocer a aquellos personajes a los que él idolatra, “al loquito García le gustaban mucho los tacos al pastor, a veces ni le cobraba, pero él no siempre aceptaba y prefería pagar”.

De regreso al puesto, su esposa tiene todo listo, las salsas, las tortillas y el resto de la carne, mientras el trompo ya giraba, todo estaba listo a vender se ha dicho. Vamos probando, tres al pastor y tres de bistec, harta cebolla, chile y limón, mientras tanto comenzaba a llegar la gente, mayormente con playeras de Atlas, “Güero échame una orden de pastor y media de longaniza”, “a poco sí ganó tu Atlas, ¿andas bien volado?”, “Qué dice mi Pedro, ¿acabando vamos a jugar cartas o ya te dio miedo?”, esas eran algunas de las frases que se escuchaban, mientras Pedro preparaba las ordenes, Griselda colocaba la verdura y servía las salsas, mientras Jocelyn anotaba los pedidos.

“Ya vio joven, aquí también somos un equipazo” exclamaba Griselda, mientras se ocupaba de los pedidos; la noche todavía era larga, la gente sigue llegando y el trompo poco a poco comienza a verse más delgado; en el estadio el futbol terminó, en los tacos don Pedro, la noche apenas comienza para los Rocha.